Ser mamá: lidiar con el pasado para mejorar el presente

En este mes del año surgen miles de pensamientos, deseos y creencias sobre la maternidad. Mucho tiene que ver con la parte comercial de la fecha, pero también refleja lo que como sociedad creemos acerca de las madres y la maternidad. Estas creencias dicen mucho sobre las importantes funciones que cumple una mamá en la vida de sus hijos e hijas, también sobre lo que se supone una mujer que es madre debería ser y hacer. Entrega, sacrificio, generosidad. Todas cualidades que se expresan en el cuidado y protección que los niños y niñas necesitan para crecer sanos y alcanzar un pleno desarrollo.

Sin embargo, no puedo dejar de pensar en esa madre que es mujer y que fue niña. ¿Cómo le cuidaron? ¿Cómo le protegieron? ¿Le hicieron sentir amada y respetada? Los datos nos muestran una realidad muy triste. Las niñas y las mujeres de nuestra sociedad enfrentan duras circunstancias.

Estar disponible, ser sensible ante las necesidades de sus hijo e hijas, auto-regular sus emociones para regular las de su bebe sólo es posible si cuando fueron niñas se les ofreció entornos de amor y cuidado. Cuando la experiencia de vida no ha permitido que la niña y la mujer hayan experimentado relaciones basadas en el respeto, es importante enfatizar que es posible sanar esas heridas.

La sociedad tiene gran compromiso aún pendiente con las niñas y las mujeres. Sin embargo, todos, en alguna medida, necesitamos recuperar nuestra capacidad de ver al otro y a la otra desde la ternura y la empatía. En primera instancia esta sería nuestra responsabilidad personal.

Ofrecer un entorno de equidad y respeto es indispensable para que estas mujeres puedan ejercer la maternidad sin los fantasmas del maltrato y la desigualdad. Mujeres sanas física y mentalmente, felices y respetadas serán esas madres que todo niño y niña necesita y se merece. Trabajemos para que esta sea una realidad en nuestra familia y sociedad. Festejemos a las madres de hoy, garanticemos una vida de respeto a las mujeres y amemos a las niñas. Solo así las madres podrán amar sin límite a sus hijos e hijas.

Ese es mi legado, mis hijas son mejores mujeres que lo que he sido yo y si alguna vez son madres serán mil veces mejores que lo que yo he podido ser. Entonces sí puedo decir, feliz día de la madre, porque mi siguiente generación lo hará mejor.

Un abrazo a todas las mujeres que cuidan y aman a los niños y niñas sean o no sus hijos. Un abrazo a las mujeres que todos los días luchan por romper los patrones de maltrato que vivieron en su vida. Un abrazo a las madres que trabajan para que su familia y la sociedad sea más equitativa y respetuosa.

¡Feliz día de las madres!

 

Por: Soledad Avila
Psicóloga Clínica & Master en Terapia Familiar 

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