Mi niña

Esas dos palabras me llevan a mi infancia y me dan una sensación de calidez y protección. “Mi niña”, así me decía mi padre y así me sigue llamando, a pesar de que mi niñez la dejé atrás hace muchos años.

Entiendo que siempre seré para él su niña y eso provoca una sonrisa en mi rostro. Cuando recuerdo mi niñez y adolescencia, hay algunos mensajes que me vienen a la mente y que en buena parte han marcado mi percepción sobre temas que antes parecían simples, pero que hoy entiendo, son profundos mensajes que mi padre me quería enseñar.

Ahora, por el Día Internacional de la Niña,  voy a compartir dos de esos mensajes que a mi modo de ver, tienen que ver con el empoderamiento y la autoestima que me transmitió:

El primero, “Nadie tiene derecho a tratarte mal”: La bondad es una virtud, me decía, pero no se debe dejar que otros traspasen tus límites.  ¿Qué entendía yo de este mensaje?  Sentía, desde  pequeña, que tenía el derecho a defenderme, a poner esos límites en mis relaciones, a respetarme, a ser asertiva y a no dejarme maltratar por nadie.

Rompía con el concepto de sumisión y obediencia ciega que se inculcaba y se sigue inculcando a muchas niñas. Seguramente recuerdo estas frases porque no eran palabras al viento, mis padres me daban el ejemplo de una relación de pareja respetuosa y una crianza sin golpes ni malos tratos. Sus palabras eran consistentes con sus actos, entonces se volvieron una verdad para mí.

Mi segundo recuerdo: para mi padre la educación era muy importante. Desde temprana edad sembraba esta idea en mi cabeza y en la de mis hermanos, él no solamente quería que vayamos a la universidad, sino que también obtengamos una maestría. Esta era su meta y la comunicaba con entusiasmo y motivación.

No sé en que momento su deseo se convirtió en el mío y se volvió mi meta también. Y como por arte de magia, apenas me gradué de la universidad empecé mi maestría en psicología. Su afán por fomentar mi preparación tenía como objetivo que me realice profesionalmente y también que sea independiente económicamente. Su frase iba así: ¨Tienes que prepararte para que puedas ser independiente económicamente”. El me decía que, de esa manera, si me casaba con un buen hombre podríamos sacar a nuestra familia adelante y si decidía no tener una pareja a mi lado o el matrimonio no funcionaba, podría sacar adelante a mi familia, sola.

Mi padre sabía que dar seguridad, protección y una buena educación a sus hijas era una buena receta para prevenir la violencia de género. A nuestra generación de adultos y a las que la siguen, nos queda mucho por hacer para proteger y empoderar a las niñas. Ellas, son el grupo más vulnerable y en riesgo en América, las atroces cifras de violencia contra las niñascuantifican la dura realidad en la que viven.

Todos podemos aportar con nuestra parte para cambiar la vida de al menos una niña y con eso logramos cambios inmensos en la sociedad en la que vivimos.

¿Quieres compartir con nosotras un mensaje que logró cambios en ti?

Paulina Ponce

La salud mental y las experiencias en la infancia

Imagínate que cargas un pollito entre tus manos… Ahora pensemos que el cuidado que tienes al hacerlo, es el que debemos tener con la salud mental, especialmente de los niños.
Actualmente existe abundante investigación que permite sostener un nuevo paradigma en la salud. Diferentes disciplinas como la medicina, la psicología y las neurociencias han demostrado el efecto del estrés tóxico en el desarrollo del cerebro infantil. Los estudios concluyen que el cerebro de un niño que de forma constante debe tolerar altos niveles de estrés y además no cuenta con apoyo externo de adultos protectores, no podrá alcanzar un desarrollo óptimo y existirán consecuencias significativas para el resto de su vida en su salud, capacidad de aprendizaje y expectativa de vida.
Enfermedades como la diabetes, las cardiopatías, la depresión, la ansiedad y las adicciones están estrechamente relacionadas con lo que las investigaciones llaman “experiencias infantiles adversas”. Los ambientes donde existe violencia intrafamiliar, alcoholismo, padres que consumen drogas, maltrato, abuso sexual o negligencia, aumentan las probabilidades de que los niños y las niñas sufran enfermedades que representan un alto costo económico y social para la comunidad y los gobiernos.
Hoy estamos conmemorando el Día Mundial de la Salud Mental, y por lo tanto quisiera poner especial énfasis en los contextos donde viven nuestros niños. Su salud física y mental va a estar definida por cómo los cuidamos, lo que hacemos para protegerles de las situaciones de riesgo, cuántas horas al día dejamos que jueguen, nuestros esfuerzos por comprenderles cuando se portan mal o el daño causado por los castigos impuestos.
¿Se imaginan una sociedad donde los niños, las niñas y los adolescentes pudieran desarrollarse en ambientes seguros y protectores? ¿Se imaginan una sociedad con personas más sanas, más felices, más empáticas? Yo sí quiero imaginar que esa sociedad es posible, existe esperanza si logramos comprender lo importante que son los vínculos sanos en la infancia para el desarrollo.
Hagamos que sea posible, está en nuestras manos. #EsHoraDeActuar.

Soledad Ávila
Psicóloga Clínica

“Soy profesor”

El profesor que recordamos siempre no es precisamente aquel que nos enseñó perfectamente cómo escribir la “A”. Tampoco la profesora que tuvo la estrategia más eficaz para enseñarnos a leer. Ni el que lograba que siempre estemos “calladitos”.

Nos acordamos del profesor que se preocupó por nosotros; del que miró más allá de nuestro rol de alumnos para vernos como seres humanos, únicos e imperfectos. De la que demostró interés por cómo estábamos, por lo que pensábamos y por cómo nos sentíamos. De ese profesor que nos cuidaba y de la que nos hacía reflexionar y nos enseñaba a expresarnos. De todos ellos, ¡sí nos acordamos!

Recordamos con cariño a los profesores que nos demostraban cómo cada uno de nosotros era importante en sus vidas, a los que sentimos que les importábamos de verdad, a los que nos querían. De esos, que de todas estas maneras nos protegían, nos acordamos siempre.

Y ese es el rol principal de los profesores. El de guiar y acompañar; el de enseñar a prevenir situaciones de riesgo; de mirar a los niños más allá de “alumnos” y mirarlos como individuos. Tienen el rol de enseñar a SER, desde el SER; de aceptar y acoger las diferencias, la diversidad. El rol del profesor es de acompañar a sus alumnos en su desarrollo para lograr una vida plena.

El decir “soy profesor” significa ser parte importante de la salud mental y emocional de los niños. Es verdad que los padres tenemos la responsabilidad principal de guiar y educar a nuestros hijos en valores, emociones, prevención de violencia y protección. Pero las personas que trabajamos para los niños compartimos la responsabilidad de cuidarlos, guiarlos y protegerlos.

Un profesor puede ser esa persona que brinde a un estudiante un espacio seguro que en casa no encuentra. Una profesora puede entregar a sus alumnos herramientas para la vida que nadie más le enseñará. Por todas estas razones, la labor de los educadores es fundamental. Va mucho más allá de impartir conocimiento; los maestros tienen en sus manos la infancia del futuro de la sociedad.

¡Gracias, profesores!

Fernanda Baca

 

La violencia no para

Un día como hoy, hace 11 años, la Organización de las Naciones Unidas declaró la conmemoración del natalicio de Mahatma Gandhi como el Día Internacional de la No Violencia. Cada 2 de octubre es “un día consagrado para el fortalecimiento de la paz y la no violencia en todas las naciones y todos los pueblos”.
Gandhi, el líder que movilizó a la India hacia el cambio político y social rechazando todo tipo de violencia, se convirtió en la inspiración mundial de los movimientos de cambio y acción no violentos. Desde entonces, este hombre siembra el deseo y la esperanza de que los seremos humanos podemos vivir y lograr grandes objetivos sin ella, sin violencia.
Las sociedades en el mundo, desde el inicio de la civilización, están atravesadas y movilizadas por la violencia. Es el resultado de una dualidad entre el poder y la sumisión, en donde las relaciones humanas se generan desde la desigualdad, el autoritarismo, la discriminación y el abuso.
La violencia, con todas sus aristas, impacta intensamente en la sociedad. Está presente en todas las clases sociales, en todas las edades, géneros y ambientes. Genera una cantidad de víctimas que, o son “invisibilizadas”, o se convierten en una gran preocupación para la comunidad y las autoridades.
Los recursos y esfuerzos que se realizan desde las múltiples instancias parecen ser insuficientes, la violencia no para. Hacemos un llamado a la sociedad para juntar acciones y encaminarnos de manera proactiva hacia el cambio desde nuestro estilo de vida, en nuestros hogares, nuestra comunidad, la sociedad civil y el Gobierno Nacional.
No olvidemos que la violencia paraliza el desarrollo sano del individuo, y, por ende, el de la sociedad. La violencia estuvo, está y estará, y urge dar paso a la reflexión y vivir con la lucha contra la violencia cada día de nuestras vidas. Tenemos la opción, en cada paso que damos y cada palabra que decimos, de dejar de ser cómplices inertes y quejumbrosos.
Nuestro reto es la erradicación de la violencia en todas sus formas.
#EsHoraDeActuar

Psic. Pamela Noboa