¿Hasta cuándo?

¿Hasta cuándo vamos solamente a comunicar las alarmantes estadísticas que ubican al Ecuador como el tercer país con la tasa más alta de embarazo en la adolescencia en Latinoamérica y no plantear soluciones integrales que promuevan conductas de amor, cuidado y protección del cuerpo desde la infancia?
¿Hasta cuándo se va a informar superficialmente sobre el uso de métodos anticonceptivos y no nos enfocamos en la educación sexual como un derecho y una responsabilidad?
¿Hasta cuándo nos quedamos impávidos ante el embarazo adolescente, que en su mayoría está asociado con abuso y violación, con condiciones de inequidad y pobreza, con situaciones de conflicto y con inicio temprano de actividades sexuales?
¿Hasta cuándo vamos a pretender que el embarazo adolescente no es un problema de salud pública y que como sociedad civil no debemos atenderlo?
En Ecuador, más de 2.000 niñas menores de 14 años se convierten en madres cada año (6 niñas dan a luz cada día), producto de una violación. Estos embarazos afectan la vida de los adolescentes de manera individual, familiar y social. Trae consigo consecuencias tanto físicas como psicológicas, todas de gran relevancia, relacionadas a trastornos emocionales como ansiedad, depresión, problemas de salud, negación de la paternidad, problemas familiares que pueden terminar en abandono del hogar, fracaso escolar, dificultad para generar proyectos de vida, y hasta rechazo hacia los mismos hijos.
Además, el embarazo adolescente presenta con mayor frecuencia partos prematuros y de bajo peso, el índice de mortalidad en madres e hijos es mayor que en edad adulta y los hijos de madres adolescentes presentan mayor cantidad de problemas de salud y trastornos del desarrollo. Todo esto resulta en una situación de vulnerabilidad social para los adolescentes y los bebés ya que todas estas dificultades contribuyen al ciclo intergeneracional de la pobreza, la negligencia, el maltrato, el abuso y el abandono.
Por tanto, es indispensable e imperante trabajar en la prevención del embarazo adolescente desde la educación integral. El buen trato de los padres y la confianza generada es primordial para formar vínculos firmes y seguros que permitan un autoestima positiva y un diálogo sobre la sexualidad en valores. Desde la educación escolar, se deben reforzar conocimientos biológicos y psicoafectivos para continuar con el aprendizaje y descubrimiento saludable de la sexualidad del individuo. Y es responsabilidad social exigir y promover la disminución de brechas sociales, educacionales y de género para crear condiciones que permitan el desarrollo de conductas de autoprotección para una salud sexual y reproductiva sana y acertada.
¿Hasta cuándo nos quedamos inmóviles?

#EsHoraDeActuar

Psic. Pamela Noboa

OCULTAS A PLENA LUZ DEL DÍA

“Las proporciones que alcanza la trata, el tráfico y la explotación de seres humanos, principalmente de mujeres, niñas, niños y adolescentes, durante todo su ciclo de vida, especialmente en edades tempranas, implicó que la Organización Naciones Unidas las defina como formas contemporáneas de esclavitud en las que subyacen prácticas discriminatorias.” (Chiarotti, 2002).

El fenómeno de la globalización de la economía de mercado ha intensificado la explotación de recursos y de individuos, incluyendo atentados contra los derechos humanos como el tráfico y explotación de las personas para la obtención de utilidades o ganancias. Ésta es una de las formas de trata más común a nivel internacional y la mayoría de sus víctimas son mujeres, niñas, niños y adolescentes.

Ocultas a plena luz del día, estas actividades se diversifican en varias modalidades: explotación sexual, explotación laboral, trabajos forzados, tráfico de órganos, etc. La dura realidad radica en la compraventa de mujeres, niñas, niños y adolescentes para explotarlos sexualmente, aprovechando su vulnerabilidad, su pobreza, conflictos étnicos y desastres naturales.

La problemática de la explotación sexual ha sido conocida y atendida en diferentes ópticas por el Estado Ecuatoriano, sin lograr aún la total protección y reparación integral de los derechos de las víctimas. Esta situación pone en evidencia la necesidad de programas y asignación de recursos destinados a asegurar la prevención y atención de este tipo de casos.

La responsabilidad del Estado es dar cuenta a la sociedad sobre la gravedad y consecuencias de estas formas de explotación, consideradas en la actualidad como formas de esclavitud, para así definir la sanción para los tratantes, traficantes, “clientes”, proxenetas, intermediarios y demás personas que intervengan o se beneficien y lucren a través de estos delitos.

Y como ciudadanos ¿cómo debemos actuar frente a esta problemática?, ¿qué medidas debemos tomar con nuestros niños para prevenir que sean víctimas de esta forma de abuso que se comente a plena luz del día?

Con este texto intento generar reflexión y abrir el debate sobre esta problemática para adoptar y proponer medidas, eliminar y sancionar la violencia contra mujeres, niños, niñas y adolescentes.

 

Andrea El Maalouf, MSc.

 

 

Referencia:

Chiarotti, Susana. “Trata de mujeres: Conexiones y Desconexiones entre Género, Migración y Derechos Humanos”. Conferencia hemisférica sobre Migración Internacional: Derechos Humanos y trata de personas en las Américas, CEPAL. Santiago de Chile, 20 al 22 Noviembre 2002.

Paz

La paz, sin duda, tiene una serie de connotaciones que van desde lo puro y sencillo, como aquellos sentimiento de amor, unión, fraternidad, humildad y humanidad, hasta los anhelos de trascender espiritualmente como instrumentos de fe y verdad.

Para quienes tenemos la vocación de servir, la paz es el principio de una sana, pacífica y no violenta convivencia entre los seres humanos. Creemos en la resolución de conflictos de manera pacífica, respetuosa y armoniosa. Estamos convencidos, como bien dijo Gandhi, que “no hay camino para la paz, la paz es el camino”.

Si pensamos en las personas que son víctimas de xenofobia o cualquier tipo de discriminación, en los casos de mujeres violentadas, o la cantidad de niños que fueron y están siendo abusados sexualmente, debemos cuestionarnos sobre cómo estamos desarrollándonos como sociedad. ¿Cuáles son los valores con los que queremos criar y educar a las nuevas generaciones? ¿Dónde está el sentido de nuestra vida si no tratamos con respeto y amor a nuestros seres más cercanos y queridos? ¿Qué principios de vida queremos dejar en nuestras familias, a través de nuestro ejemplo, para construir una sociedad más justa, equilibrada y armoniosa?

A veces podemos sentir que no somos muchos los que aún creemos que el amor y el respeto deben ser la base de la educación de nuestros niños. La paz que llevamos a diario a nuestros hogares y comunidades, será el pilar más fuerte que sostendrá a nuestros hijos en un mundo convulso y amenazado por las guerras, por la ambición de quienes ejercen control en los gobiernos o por el desequilibrio que generan las adicciones.

Si todos los seres humanos buscamos la paz individual y emocional como medio para alcanzar la felicidad, que sea éste un ideal de vida para otorgar a nuestros niños un camino de sueños, ilusiones, esperanza y oportunidades.

Hoy, Día Internacional de la Paz, pedimos a todos los organismos, gobiernos, entidades públicas y privadas, familias y personas, que se unan a nuestra causa: la prevención del maltrato y abuso infantil para garantizar futuras generaciones pacíficas.

Ma. Soledad Andrade