INFANCIA INTERRUMPIDA: El trabajo infantil debe doler a todos

Pensemos en nuestros mejores recuerdos de aquellos años de infancia. En mi caso: las visitas a la abuela y los ricos pasteles que nos preparaba con cariño; los domingos de ocio, durmiendo un par de horas más, desayunando mientras veía la tele sin ninguna preocupación; las tardes de primos, jugar a las escondidas y compartir golosinas. Se dice que la infancia es la más bella y agradable de todas las etapas del desarrollo, muchos quisieran regresar a estos años dichosos en los que no era necesario preocuparse por nada, pero ¿vivimos todos una infancia de ensueño, con pasteles, juegos, descanso y sonrisas?

En la infancia, el juego, el aprendizaje y la socialización con los pares son esenciales para enfrentar las situaciones que el día a día les depara. El juego es el recurso más potente del infante, le es útil para aprender, resolver problemas, desarrollar sus capacidades mentales y exteriorizar sus deseos, afectos e insatisfacciones. La UNESCO en el texto: El Niño y el juego: planteamientos teóricos y aplicaciones pedagógicas, afirma que: “el juego es vital, condiciona un desarrollo armonioso del cuerpo, de la inteligencia y de la afectividad. Quien no juega es un niño enfermo, de cuerpo y de espíritu”. Toda actividad que obstaculice en el niño el acto de jugar resulta nociva para su sano desarrollo integral.

El trabajo infantil interrumpe la infancia; al realizar actividades laborales, los niños están expuestos a diversos peligros, se reducen sus horas de descanso, acceden a dinero sin mayor control y se pone en riesgo la posibilidad de un mejor futuro al distanciarse de las actividades escolares. Estos niños sufren problemas de salud como agotamiento, lesiones, mala alimentación, entre otros. Nos encontramos con niños desarraigados del juego y lanzados a la adultez sin tener los recursos psíquicos, físicos y emocionales para enfrentar este desafío. El trabajo infantil aumenta los índices de pobreza, reduciendo las posibilidades de acceso a un futuro más digno y con más oportunidades. También los niños trabajadores se ven expuestos a diversas formas de maltrato.

Es necesario alertar y tomar medidas inmediatas sobre estas condiciones que vulneran los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Ante este panorama, está claro que el trabajo infantil nos compete a todos como sociedad, son nuestros niños los que están siendo violentados en el afán de apoyar a sus familias. ¿Qué hacer ante este panorama? Garantizar el acceso de todo niño a la educación y a entornos seguros de sano esparcimiento y diversión. #EsHoraDeActuar.

Gloria E. Castrillón Galvis
Psicóloga, Magister en Educación