Los beneficios de ser padre

Hace unos cuarenta o cincuenta años, el rol del padre era el de proveedor del hogar, el llamado a poner la ley y el orden (“llega tu padre y le aviso”) y el que pasaba trabajando y lo veíamos con algo de suerte en las noches.

Actualmente, el padre se encuentra mucho más involucrado en la crianza y guía de los hijos, comparte tareas como llevar a los niños al médico, ir de compras al supermercado, participar en la comunicación con la escuela, realizar las tareas del hogar, etc., convirtiéndose en uno de los modelos de equidad y equilibrio.

Si la figura del padre está presente, su rol es proteger y ser modelo a través de todo aquello que hace y deja de hacer. Por esta razón, es de vital importancia convertirse en una figura paterna sana que da seguridad y confianza, y así, les ayuda a crear una imagen positiva de sí mismos a los niños. Se ha demostrado en varios estudios que una relación cercana marcada por una presencia activa y estable del padre, contribuye a la formación de una autoestima elevada en los niños, satisfaciendo necesidades psicológicas básicas como identidad, pertenencia y autoconfianza.

Pero los beneficios de una relación sana padre-hijos es de dos vías. El informe “Panorama del estado de los padres en el mundo”, de MEN CARE, cita estudios que dan cuenta de que “una distribución mas equitativa de los cuidados esta asociada con una reducción en los índices de violencia contra los hijos e hijas”. De igual forma, destaca que los niños y niñas han mostrado un mejor rendimiento académico y buena salud mental. De acuerdo con la misma fuente, los padres que han decidido intervenir activamente en la crianza de sus hijos viven más, presentan menos problemas de salud física y emocional, menor tendencia a abuso de drogas y, en resumen, dicen ser más felices.

Es importante mencionar que se puede ser un buen padre y estar presente en la vida de los hijos independientemente del estado civil o de si se vive o no en la misma casa con los niños. El rol del hombre es resultado de la apertura al diálogo entre madre y padre, del poder llegar a acuerdos y poner como prioridad el bienestar de los niños.

Con todo esto, no debemos permitir que una cultura que ha estereotipado el rol del padre como alejado de las emociones y de las manifestaciones de ternura, limite la participación del hombre en la crianza y construcción de niños y niñas sanos, plenos y dueños de su individualidad. #EsHoraDeActuar.

Ma. Cristina Arguello P.
Psicóloga Clínica.

INFANCIA INTERRUMPIDA: El trabajo infantil debe doler a todos

Pensemos en nuestros mejores recuerdos de aquellos años de infancia. En mi caso: las visitas a la abuela y los ricos pasteles que nos preparaba con cariño; los domingos de ocio, durmiendo un par de horas más, desayunando mientras veía la tele sin ninguna preocupación; las tardes de primos, jugar a las escondidas y compartir golosinas. Se dice que la infancia es la más bella y agradable de todas las etapas del desarrollo, muchos quisieran regresar a estos años dichosos en los que no era necesario preocuparse por nada, pero ¿vivimos todos una infancia de ensueño, con pasteles, juegos, descanso y sonrisas?

En la infancia, el juego, el aprendizaje y la socialización con los pares son esenciales para enfrentar las situaciones que el día a día les depara. El juego es el recurso más potente del infante, le es útil para aprender, resolver problemas, desarrollar sus capacidades mentales y exteriorizar sus deseos, afectos e insatisfacciones. La UNESCO en el texto: El Niño y el juego: planteamientos teóricos y aplicaciones pedagógicas, afirma que: “el juego es vital, condiciona un desarrollo armonioso del cuerpo, de la inteligencia y de la afectividad. Quien no juega es un niño enfermo, de cuerpo y de espíritu”. Toda actividad que obstaculice en el niño el acto de jugar resulta nociva para su sano desarrollo integral.

El trabajo infantil interrumpe la infancia; al realizar actividades laborales, los niños están expuestos a diversos peligros, se reducen sus horas de descanso, acceden a dinero sin mayor control y se pone en riesgo la posibilidad de un mejor futuro al distanciarse de las actividades escolares. Estos niños sufren problemas de salud como agotamiento, lesiones, mala alimentación, entre otros. Nos encontramos con niños desarraigados del juego y lanzados a la adultez sin tener los recursos psíquicos, físicos y emocionales para enfrentar este desafío. El trabajo infantil aumenta los índices de pobreza, reduciendo las posibilidades de acceso a un futuro más digno y con más oportunidades. También los niños trabajadores se ven expuestos a diversas formas de maltrato.

Es necesario alertar y tomar medidas inmediatas sobre estas condiciones que vulneran los derechos de los niños, niñas y adolescentes. Ante este panorama, está claro que el trabajo infantil nos compete a todos como sociedad, son nuestros niños los que están siendo violentados en el afán de apoyar a sus familias. ¿Qué hacer ante este panorama? Garantizar el acceso de todo niño a la educación y a entornos seguros de sano esparcimiento y diversión. #EsHoraDeActuar.

Gloria E. Castrillón Galvis
Psicóloga, Magister en Educación

¿Qué quieren los niños en su día?

Recientemente me llegó un video al whatsapp donde un grupo de niños de varias edades jugaban mientras sus padres eran entrevistados. La pregunta era: “¿qué es lo que le gustaría a tu hijo como regalo?”

Las respuestas eran variadas, como variados son los gustos de los niños: que una bicicleta, que un videojuego, que una muñeca, que pantalones… Pero la sorpresa fue de los padres cuando sus respuestas fracasaron estrepitosamente frente a los deseos de sus hijos. ¿Qué querían sus hijos? Atención.

Los niños querían el tiempo que el celular de sus padres les roba. “No me hace caso”. “Cuando le hablo tengo que gritarle porque siempre está en el teléfono”. “A veces mejor me voy, porque cuando le llega un mensaje o una llamada, se olvida de mí”. Todas las respuestas fueron de este calibre.

Los padres, que miraban lo que decían sus hijos, entre avergonzados y dolidos, lloraban. Yo lloré porque me vi retratada. Entonces, ¿qué quieren los niños en su día? La respuesta parece simple: nos quieren, nos buscan, nos necesitan y nos añoran.

La violencia no solamente es física o sexual. La violencia contra nuestros niños puede ser ignorarlos, y puede empezar en casa y por los más cercanos. El olvidarse de nuestros hijos por chatear, por conversar, por chismear o por trabajar en exceso es también violencia, porque estamos siendo negligentes y eso también es violencia.

Y si hablamos de violencia física, según cifras del estudio “Niñez y Adolescencia desde la intergeneracionalidad” (2016), realizado por el Observatorio Social del Ecuador y otras organizaciones que trabajan por la infancia, uno de cada tres niños es golpeado en su hogar cuando sus cuidadores consideran que han cometido un error. Probablemente errores que no cometerían si estuviéramos más pendientes de ellos. O si tuviéramos la misma respuesta de alerta cuando ellos nos buscan o nos llaman que cuando suena un mensaje en nuestro teléfono.

Entonces, ¿qué les vamos a regalar a nuestros niños en su día? #EsHoraDeActuar

 

María Verónica Barreiros