Ser firme y amable a la vez ¡es posible!…Especialmente con los hijos.

 

 

El año pasado, escribí este artículo para el Blog Mamás Modernas y se publicó hace ya algunos meses. He hecho modificaciones casi imperceptibles para poder compartirlo ahora con ustedes.

En un viaje muy específico que realicé dentro del país, me acerqué al counter de una aerolínea en el aeropuerto de Guayaquil para chequearme en mi vuelo a Quito. Con sorpresa, me enteré que el horario que yo había comprado no existía y el siguiente vuelo era ¡5 horas más tarde! Me sentí frustrada y muy enojada, estaba tan molesta que sentí como la sangre se me concentraba en la cara y en cuestión de milésimas de segundo habían pasado por mi mente todas las palabras que quería decirles a las personas que me atendían en un tono de voz, digamos… muy poco amable.

Entonces recordé que mi viaje a Guayaquil fue para certificarme como facilitadora de Disciplina Positiva: una metodología educativa y de crianza que se basa en la combinación de la firmeza y la amabilidad, en el respeto mutuo como base de toda sana relación. “No puedo ser tan incoherente”, pensé. Entonces respiré y me aguanté todo lo que quería decir y hacer en ese momento. Conversé con firmeza, expresando mis sentimientos, derechos y deseos. Lo hice sin faltar al respeto a nadie, sin exaltar mi tono de voz y hasta siendo amable, poniéndome en los zapatos de ellos. Supe desde el comienzo de mi intervención, que las personas que me escuchaban sabían que mis argumentos eran honestos, no negociables y comprensibles, a la vez. Y aunque al comienzo sí hubo resistencia, mi constancia y actitud lograron mi objetivo: solucionaron mi inconveniente de la mejor manera posible.

Mientras venía en el avión pensaba: “Es posible ser firme y amable a la vez, lo que aprendí es aplicable”. Pensé en la relación padres/madres-hijos. ¿Cuántas veces estamos por explotar y tenemos la capacidad de respirar antes de actuar? ¿Cuántas veces podemos mantener la firmeza y la amabilidad a la vez cuando un hijo nos “saca de quicio”? ¿En cuántas ocasiones expresamos a nuestros hijos cómo nos sentimos (y no cómo pensamos) nosotros respecto a sus actos o actitudes? ¿En cuántas ocasiones hemos faltado al respeto a los niños cuando nos sentimos frustrados o enojados? ¿Somos capaces de ponernos en los zapatos de nuestros hijos cuando se equivocan? ¿Somos constantes en las estrategias que utilizamos para enseñar a nuestros hijos los comportamientos y actitudes adecuadas?… En fin, en conclusión, pensé “muchas veces respetamos más a los desconocidos, que a las personas que más amamos”.

La realidad es que no existe un manual de cómo ser los mejores padres posibles, y tampoco los niños vienen con instrucciones de crianza. Pero me siento orgullosa y agradecida de poder sembrar mi granito de arena para hacer de esto algo más real. En Fundación Azulado realizamos talleres grupales y sesiones particulares para que padres y madres encuentren nuevas y más efectivas estrategias para criar a hijos sanos y felices sin utilizar la violencia.

Ser firme y amable a la vez es una habilidad que necesita práctica y constancia, aún así, esto no garantiza que no volveremos a fallar… una, otra y cientos de veces. Pero tenemos que estar conscientes que los beneficios de esta técnica deben empezar en casa; en la relación entre padre y madre, en la relación padre/madre e hijos, y toda relación con el mundo exterior. Así criaremos niños que controlen sus emociones y respeten a los demás, porque no podemos olvidar que la mayor fuente de aprendizaje de los niños es el ejemplo de sus padres.

 

Carolina Lanas S.

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